Manifiesto

Veinte Centavos surge por la necesidad de crear un espacio en el cual podamos escribir y debatir sobre diversos temas culturales. Literatura, música, cine y teatro serán nuestros temas habituales, y no dejaremos de lado la actualidad, en la que se combina el pasado y el futuro.Aprovechando la tecnología, creamos está revista virtual, este blog cultural, y esperamos que ustedes disfruten leyendo –y respondiendo- y nosotros escribiendo.

Carta de guerra (cuento)

Por Gerónimo Reig



“Amor mío:
Si estás esto leyendo es porque que no pude cumplir con la promesa más importante que te hice en la vida, volver a casa. Quiero que sepas que no existe nada en la tierra que me importe mas que tí. Pero no puedo dejar de pensar en que yo soy el responsable de toda la tropa, y que las mujeres de cada miembro de ésta ansían ver a sus esposos tanto como tú a mí. Es por eso que hoy me vi obligado a tomar la desiciòn más desagradable de mi vida. Escribo estas palabras con terrible dolor y no por mí, si no por tí. Porque si estás leyendo ésto, me veo obligado a darte una espantosa noticia: no sobreviví. Esta noche comandaré una misión muy peligrosa, y quiero que sepas que no sacrifico mi vida en vano. Lo hago porque de mi desempeño esta noche depende la vida de toda la tropa. Y aunque deseo vivir por tí más que nada en el mundo, jamás podría soportar hacerlo sabiendo que dejé morir a quienes me ayudaron a llevar los días más horribles de mi vida, los días de ésta asquerosa guerra. Te amo como nunca amé nada en mi vida. El sólo hecho de que te haya conocido lo justifica todo. Te amo, mi vida. Ojalá las cosas no hubiesen sido asi, lo siento. No quiero que llores por mí eternamente. Yo siempre estaré a tu lado, junto con Dios. Quiero que vuelvas a ser feliz, que te cases nuevamente y que tengas hijos. El tiempo que vivimos juntos nunca nada podra deshacerlo. Y el futuro depende de nosotros. Yo te ayudarè a construirlo aunque ya no puedas verme. Te amo”.


Cuando Marcos terminó de escribir su carta de despedida, estalló en llanto. Nunca había llorado tan fuerte y jamás se había sentido tan mal. Cada lágrima era un doloroso desgarro. Y aunque era cierto que ésa noche arriesgaría su vida en una peligrosa misión de rescate, Marcos no lloraba por su inminente muerte. Lo hacía porque deseaba que la destinataria de su carta hubiese sido real, que hubiese existido.


Fin




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2 comentarios:

Adrian dijo...

Pura belleza compañero.

Fede dijo...

Se gana a si misma sobre el final. Cierra una idea y se llena de un sentimiento que no es el que se espera al comenzar la lectura.
De lo otro falta mucho, pero deja de importar ni bien se lee la última palabra "existido".
Dificilmente el lector pueda escapar de encontrarse copiado en algún tipo de anhelo.
7 Jelineks!