Manifiesto

Veinte Centavos surge por la necesidad de crear un espacio en el cual podamos escribir y debatir sobre diversos temas culturales. Literatura, música, cine y teatro serán nuestros temas habituales, y no dejaremos de lado la actualidad, en la que se combina el pasado y el futuro.Aprovechando la tecnología, creamos está revista virtual, este blog cultural, y esperamos que ustedes disfruten leyendo –y respondiendo- y nosotros escribiendo.

O quizás simplemente nos regale una imagen

Por SV

Favio es uno de los pocos artistas que supo combinar talento, éxito, prestigio y popularidad. A propósito del estreno de Aniceto, el autor realiza un análisis personal sobre su obra.



Leonardo Favio es un hijo de puta. Es esa clase de tipos a los que de tanto admirarse, uno no puede más que dedicarles una buena puteada. Alguna vez, parte de la crítica lo llamó “un analfabeto filmando” y destrozó Soñar, soñar, su sexta y más querida película. Por primera vez en su carrera, el realizador debió enfrentarse a un fracaso rotundo que lo alejó del cine por más de quince años. Doce años antes, Favio filmaba Crónica de un niño solo, su opera prima, que muchos quisieron ver como una versión local de Los 400 golpes de Francoise Truffaut. Era la primera de una trilogía fundamental que concluyó con El romance del Aniceto y la Francisca (1966) y El dependiente (1967). Fueron tres pequeñas historias, con personajes que excedían la anécdota inicial para empaparse de tragedia. Las tres películas tienen un extraordinario uso de la voz en off que sitúan al espectador en la vida de esas almas solitarias y tristes y una académica utilización del tiempo real.
Luego de esos tres films, Favio se mete con la mitología popular, como más tarde lo haría en Gatica, el mono. Y para eso elige dos personajes y una persona: Nazareno Cruz, Juan Moreira y Carlos Mónzón. Con Juan Moreira (1972) y Nazareno Cruz y el lobo
(1974) hace uso de la cultura de masas y conoce el éxito: entre las dos películas junta más de 5 millones de espectadores. A Monzón lo hace protagonizar Soñar, Soñar (1976) y lo viste con ruleros en una audaz inversión de su imagen pública.



Si en la trilogía inicial se evidenciaban influencias europeas, tanto de Truffaut como de Robert Bresson, sobre todo en la austeridad de la puesta, en la etapa posterior, donde introduce el color, pueden rastrearse elementos del ‘cine folclórico’ de Glauber Rocha (Antonio Das Morte -1969- y Dios y el diablo en la tierra del sol -1964- ), y ciertos rasgos deudores de Fellini y Pasollini, en general cuando redefine la cultura popular exacerbando sus rasgos más característicos.
Tanto en la primera etapa de su carrera, como en la segunda, Favio se preocupa por desafectar de sus películas la intención de que un acontecimiento concreto haga avanzar la acción. O bien ese ‘acontecimiento’ está literalmente ausente (como en el caso de la trilogía que abre su obra), o bien, ese vació está sustituido por la desmesura de los acontecimientos (Juan Moreira, Nazareno Cruz y el Lobo). Vale decir: si el sonido de los grillos en El Romance del Aniceto y la Francisca o El dependiente, funcionaba como una continuidad de los diálogos (un rasgo característico de los tiempos muertos tan asociados al estilo del director), en Nazareno Cruz y el Lobo o en Juan Moreira los diluvios, las tormentas y los fuegos van a subrayar situaciones, ideas o estados de ánimo de los personajes.
Esas características se evidencian fundamentalmente en Nazareno Cruz y el lobo. El film está basado en un radioteatro de Juan Carlos Chiappe y se plantea desde su apertura (la presencia de un relator que introduce la historia) como un homenaje a ese género popular. Pero si bien la película está construida a través de una suma consciente de convenciones (el enamorado desgraciado, la rubia amada, el Diablo, el correo de los amantes, La Bruja, el antagonista, etc.), la intensificación expresiva de las imágenes, los gritos, los sonidos, el ritmo operístico de algunas escenas y la recreación de ese Infierno –tan fellinezco (Satyricon)-, produce en el espectador lo que a los antiguos le producían las representaciones que se utilizaban como medio para provocar la catarsis colectiva. En ese mismo sentido, Nazareno Cruz y el Lobo podría ser también una recreación popular de la teoría bretchiana del distanciamiento. Ese distanciamiento está dado, además, por la composición (organización) interna del relato. En Favio, rara vez la concatenación de planos y escenas tienen una función meramente informativa (tal vez ni siquiera incluyen una carga informativa), sino que están relacionados a partir de una cuestión anímica (generalmente compleja). El acceso a ese estado anímico que se instala en la imagen es posible mediante una permanente oscilación del punto de vista: el espectador se distancia de los personajes así como bruscamente confunde su ánimo con el de ellos.

Otra forma de organización presente en la mayoría de sus films se da a través de asociaciones líricas o visuales, o directamente metafóricas. Por supuesto, las películas no dejan de informar sobre los hechos, pero la relación causa-efecto entre una escena y otra se halla debilitada. La narración se sostiene sobre la elipsis y condensa en relatos apenas esbozados; elige sólo sus momentos privilegiados para extraer de ellos su intensidad poética en lugar de desarrollarlos linealmente. En Nazareno Cruz y el Lobo, este punto de vista poético se da tanto desde la imagen como desde la narración (otra vez la influencia de Pasolini). En el campo de la imagen, mediante un tratamiento ilusionista que deriva del hechizo que provocaba en el auditorio las voces y los sonidos del radioteatro: ‘imágenes imaginadas’. En la narración, se utilizan procedimientos cercanos al realismo mágico: los personajes viven naturalmente ciertos hechos sobrenaturales ante los que sí se asombra el espectador (como en las novelas de García Márquez). A Nazareno no le impresiona tanto que alguien se convierta en lobo, como la verificación de ser él mismo quien padece la metamorfosis.
Tras el fracaso de Soñar, soñar el director se toma quince años de respiro cinematográfico y recorre el continente dedicándose a la música. Vuelve con Gatica, el mono para enfrentarse otra vez a una figura popular con un gran peso histórico, que resume todo su cine: leyenda, humildad y mitología. No conforme con eso, en el 99 realiza Perón, sinfonía de un sentimiento, una obra inclasificable de más de seis horas de duración, donde el director hace un recorrido parcial de la historia del movimiento justicialista, dejando afuera todo aquello que cualquier muchacho peronista obediente metería debajo de la alfombra.



Finalmente, luego de otro pronunciadísimo bache, Favio regresa a la salas con una adaptación de aquel Romance del Aniceto y la Francisca, ahora transformado en ‘ballet cinematográfico’. Si bien este Aniceto (2008) no está a la altura de sus mejores obras, entrega escenas de una belleza genuina, para atesorar. Tanto la primera secuencia (el fitito, la acequia, la voz en off de Favio, el primer encuentro de los enamorados, la música al palo, las riñas de gallo filmadas en ralentti, los travelling) como el final, condensan toda la maestría del realizador (y la sabiduría que le han dado los años). En cambio, cuando se cita literalmente el Romance… la estructura se debilita, porque en realidad este Aniceto (la película, el personaje) está mucho más cerca de Gatica que de su antecesora, tiene otro pulso, otra fuerza.
Con estas nueve películas, Leonardo Favio se las arregló para dejarle al público un universo personal y fascinante, con personajes entrañables y escenas imborrables. Este legado -que ojalá recojan las próximas generaciones- sobresale a lo largo y a lo ancho de toda la producción nacional principalmente por el poder de las imágenes. Y en ese sentido, Favio es un superhéroe.
¿Cuál es tu película favorita de Favio? No olvides de dejar tu comentario.

10 comentarios:

Santi Valentino dijo...

Es muy dificil elegir una, pero si tuviera que hacerlo me quedo con "El dependiente" y ahi nomás "Soñar, soñar". Bueno, ya que estoy hago la listita completa.

1- El dependiente
2- Soñar, Soñar
3- Gatica, el Mono
4- Aniceto
5- Crónica de un niño solo
6- Romance del Aniceto y la Francisca
7- Nazareno Cruz y el lobo
8- Juan Morerira
9- Perón, sinfonía de un sentimiento.

Igual, todas las películas de Favio me parecen imprescindibles y de visión obligatoria. Abrazos.

Flor dijo...

Favio? Mmmm, no sé. De las que vi me gustaron Juan Moreira y Crónica de un niño solo, y no me gustaron para nada Gatica, Nazareno, Aniceto y Soñar Soñar, que me parece una bizarreada.
La nota está buena, pero es evidente que el que la escribió es fanatico y no està bueno eso. Mas objetividad!

Santi Valentino dijo...

"Hoy corté una flor, y llovía, y llovía"... O sea. Besos. Gracias por leerme.

Nahue dijo...

Es dificíl, pero ahí van:
El dependiente
Gatica, el mono
Y Soñar, Soñar

Por otro lado, cero que tratandose de Favio -director pasional si los hay-, que mejor que un fanatico para escribir la nota

Santi Valentino dijo...

No, claro que es imposible ser objetivo tratándose de Favio. Para mí, ver 'El Dependiente' cuando tenía 16 años fue el acceso a un tipo de cine ('otro cine') que ni siquiera imaginaba que existía. Y he sido fiel a Favio a lo largo de los años, como no lo he sido, por ejemplo con Truffaut o con Fellini, pongamoslé, que por ahí ya no me gustan tanto (ni hablemos de Godard, ícono de mis veinte años que hoy me aburre soberanamente). Será, supongo, que asi como hay lecturas adolescentes y/o juveniles, también hay cineastas que nos acompañan en un determinado momento, pero luego los vamos mirando más de lejos. Igual, esto es tema para otro debate.
Abrazos.

Horacio dijo...


Ya pasados los 40 pirulos, es para mi un ícono. Me gusta mas como cineasta.
Nazareno, y el dependiente son las mejores. Aniceto y Gatica tambien me gustaron. Muy buena la Nota.

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